Basura móvil
Así es esta época. En tiempos de W200, V3 y G7 -la última joyita de la telefonía celular- los que tienen pantalla color, envían y mandan mensajes de textos pero no tienen cámaras de fotos, ya son reliquias dignas de un museo de la tecnología. Pero más allá de los caprichos de la posmodernidad del siglo XXI, los aparatos viejos en desuso tienen un clarísimo riesgo potencial de contaminación.
Según Greenpeace, un teléfono celular contiene entre 500 y 1.000 componentes. Muchos de éstos con metales pesados como plomo, mercurio, cadmio y berilio, así como sustancias químicas peligrosas como los retardantes de llama bromados. También suelen tener un plástico tóxico, el PVC.
Con el advenimiento de nueva tecnología la cantidad de productos electrónicos desechados a nivel mundial llega a la cifra de entre 20 y 50 millones de toneladas de residuos electrónicos (conocidos como e-waste, en inglés). Para considerar mejor de cuánta basura tecnológica se calcula, Greenpeace estima que si se pusiera todo en vagones de trenes, el ferrocarril daría la vuelta al planeta.
Las sustancias químicas tóxicas y metales pesados de los aparatos móviles no son de eliminación o reciclaje seguro. Muchas veces se tiran a vertederos o son quemados. Otras empresas suelen exportar los desechos a Europa, Estados Unidos o Japón, Asia y África. Allí, los trabajadores que desmantelan estos residuos (en algunos países son niños) son expuestos a grandes magnitudes de sustancias químicas tóxicas y venenosas.
En Argentina o España, por mencionar sólo dos países, las multinacionales que operan el servicio de telefonía móvil se están empezando a preocupar por hacer productos sin sustancias químicas peligrosas o minimizar al máximo los riesgos. En Uruguay todo está en pañales.
Mientras en el mundo hay unos 2.830 millones de usuarios de celulares, en el país la cifra ya supera los 2,3 millones y para 2010 será de 3,4 millones. Según una nota que publicó en julio el suplemento El Empresario de El País, en los últimos cinco años ingresaron al país 3,5 millones de celulares.
Con una oferta y demanda en constante crecimiento y el advenimiento de los teléfonos “nueva generación”, cada aparato está quedando viejo cada minuto y muchos van a la basura. Ahí empieza el problema.
Recién el 10 de diciembre una empresa de telefonía móvil en Uruguay decidió lanzar una campaña para reciclar esos aparatos que ya no se usan. Fue Ancel y la campaña se llamó “de recolección de material telefónico en desuso”. Estuvo presente el directorio de Antel en pleno, y había representantes de la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama), el Consejo de Educación Primaria, el Congreso de Intendentes, la Facultad de Ingeniería y la UNIT, entre otros.
La presidenta de Antel, María Simon, le habló a un auditorio de escolares de las escuelas 31 y 41 de Montevideo y por videoconferencia la escucharon alumnos de la escuela 2 de Colonia. Les dijo: “Para comunicarnos necesitamos aparatos, por ejemplo los teléfonos convencionales y los celulares, y debemos tener cuidado cómo los desechamos. Los niños del Uruguay, gracias al aporte de los maestros, tienen una buena formación ambiental y saben que no tienen que tirar las cosas de cualquier manera. Si se tiran mal pueden causar polución y a la larga daño ambiental”, advirtió.
La doctora Julia García, jefa de la unidad de Higiene y Gestión Ambiental de Antel, entendió que la campaña no tuvo un inicio tardío. “Siempre es un buen momento para empezar una actividad que tiene por objetivo mejorar el ambiente de todos”, dijo.
Como el camino hacia la sustentabilidad es largo, Antel comenzó con un primer paso: colocar tarrinas -así se llaman- para recolectar aparatos en desuso de las dependencias del Estado. Todo lo sumado se mide, se pesa, explicó García. Luego llega la fase de clasificación -dijo- en residuos de plástico (vaquelitas, gomas, resinas), los del tipo conductores y metales (cables) y plaquetas y circuitos (láminas finas de metal que contienen microsolduras, con estaño y otros metales).
Estos últimos serán donados a la organización San Vicente del Padre Cacho, y así la cooperativa Crecoel, empresa que realiza el tratamiento responsable de los residuos electrónicos en Uruguay con el aval de la Dinama, fortalecerá la tarea de clasificación.
“Con el resto de los materiales, se derivarán a otro sector de Antel que implementa proyectos alineados, como recuperación de cables. Muchos de estos residuos serán insumos de otros procesos en nuestro medio, en cuyo caso Antel aprobará o no el destino final, junto a Dinama”, dijo García.
Pues bien, el destino final no es apenas un detalle. Greenpeace pretende que se prohíba la exportación de residuos electrónicos a países en vías de desarrollo, por el riesgo potencial de que trabajadores explotados, incluyendo niños, los manipulen.
Movistar en Uruguay vende los aparatos en desuso, desclasificados, a proveedores que los envían “al exterior”, según dijo José Luis Luz, gerente de publicidad y promociones de la empresa. Luz no supo decir a qué países del exterior se envían los materiales, tampoco identificó proveedores. Según el artículo de El Empresario de El País del 13 de julio, Movistar vende los equipos en desuso por kilo a esos “proveedores” y las baterías son enviadas a la Intendencia de Montevideo, para que fije el nuevo destino. CTI Móvil no brinda información sobre el tema.










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